En su corazón, ya renunció
| Me permito reproducir esta columna de Gonzalo Rojas, publicada hoy domingo en El Mercurio 7 de septiembre de 2008. Todo un acierto en el análisis respecto de lo que esta ocurriendo en Chile
Domingo 7 de septiembre de 2008 |
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| En su corazón, ya renunció | |
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Gonzalo Rojas
Un gobierno que tropieza con sus propias torpezas, como le ha sucedido a la administración Bachelet con el Transantiago, ya no es un pato cojo: simplemente está postrado, no puede seguir caminando. Ha fracasado visiblemente, sostenidamente, gravemente. Ha fracasado en el plano humano (humillación de la población), en el plano técnico (diseño e implementación), en el plano económico (financiamiento), en el plano jurídico (medios inconstitucionales) y en el plano político (negociación para otra forma de financiamiento). Y todo eso le ha sucedido en el contexto de aquel eslogan laguista tantas veces repetido, a coro y por solistas: los gobiernos de la Concertación son los más exitosos de la historia de Chile. ¿Cabe entonces la petición de renuncia ante tamaño fracaso? ¿Procede un golpe de Estado blando, negándose la oposición a todo lo que proponga el Gobierno, sea lo que sea? No, ni una cosa ni la otra, porque no le convienen a Chile… ni a la oposición tampoco. Años atrás, un político de la Alianza, por imperativo de su conciencia y en virtud de su nobleza, salvó la continuidad del gobierno de Lagos, cuando muchos habrían preferido que lo empujara al vertedero, depósito al que naturalmente debía desplazarse tanta putrefacta corrupción. Lagos exhibía un liderazgo que facilitaba ese tipo de acuerdos, porque la grandeza de su orquestación mantenía a buena parte de los chilenos aún convencidos de su categoría como estadista. Y aunque se haya comprobado después que su vitrina estaba llena de cartones y de plásticos, en ese momento, la fuerza que Lagos podía invocar a su favor inducía a razonar así: si Lagos cae, es el caos; si Lagos deja a la Concertación en el suelo y al país aplastado por la rampante corrupción, no hay Alianza que pueda rescatarlo. Era Lagos o el caos. Lagos no cayó, pero el caos vino igual. Y vino sobre ruedas, muy rápido, cruzando toda la realidad del gobierno de Bachelet: llegó en febrero de 2007. Hoy, se vista de militar (apelar a la disciplina), baile por el feliz final de agosto (ocultar los grises con la llegada de la primavera) o eventualmente solicite prestada la magia de algún circo de paso (sugerir que la Concertación sale siempre bien parada), la Presidenta Bachelet simplemente no puede desligarse de una realidad: es el caos, es el fracaso. No hay campañas de imagen que puedan recomponer su deterioro final. Si hasta los mismos buses de la discordia desplazan unos afiches publicitarios que, aunque referidos a otros asuntos, les gritan a los santiaguinos (y a los chilenos todos, perjudicados también de rebote) cuán ridícula es la posición gubernamental, cuán esquizofrénica es su autopercepción. En unos letreros se lee: “Chile se la ganó; Chile valora tu vida”; y otros afirman: “Cuídate: la riqueza de Chile eres tú”. Cientos de personas, miles, ven pasar desde sus paraderos, desde su esperaderos (Warnken), esas grotescas afirmaciones. No sonríen, obviamente. Ni los más duros de sus críticos sugerirían que corresponde que la Presidenta renuncie, pero, qué duda cabe, su liderazgo está convertido hoy en una suma de tres simpatías, dos frasecillas y una que otra mirada melancólica. Es que ya renunció, desde el fondo de su corazón, ya renunció, afirmaba un aliancista pocos días atrás. Porque, decía, en toda actividad humana hay un punto de no retorno, y hasta la más ingenua o mediocre personalidad logra percatarse: ya no más de esto, no se pudo, hasta aquí no más llegamos. Podrá maquillarse de nuevo, mañana o el martes, pero ya no da para más. Años atrás, Jackie Stewart comentaba que cuando en la Fórmula 1 veía la bandera amarilla de peligro, su primera reacción era apretar el acelerador a fondo, para acercarse lo más posible al de adelante y alejarse otro poco de los restantes competidores. Chile está en peligro, más ahora que bajo Lagos. Y, por cierto, menos hoy que bajo un futuro Lagos. La Alianza, consciente de esa bandera amarilla, se puede mover entre la posibilidad de salir una vez más al rescate del gobierno o la alternativa de apretar el acelerador. Si escoge esta última, la que en estas circunstancias parece la única conveniente, tiene por delante dos carreras: la municipal y la presidencial-parlamentaria. Para ganar ambas, debe convencer a los chilenos de que el esquema concertacionista fracasó, que produjo en las calles de la capital el caos más notorio y notable en muchos años; que si alguien “valora tu vida” y te quiere convencer de que “la riqueza de Chile eres tú”, esas personas no están en la Concertación. |
Presentación de libro Las Frágiles Democracias Latinoamericanas en Bolivia
Los días 22 y 25 de julio se presentó en Santa Cruz y La Paz, respectivamente el libro Las Frágiles Democracias Latinoamericanas.
Los eventos estuvieron organizados por FULIDE y NOTORIA
Más información en www.cadal.org
La voz de los expertos
Publicado en Que Pasa, 21 de junio de 2008
El desarrollo del liberalismo económico y político fue una de las características fundamentales de la última parte del siglo XX. Efectivamente, junto a los procesos de transición democrática, en varios países se aplicaron reformas económicas orientadas hacia el libre mercado como, por ejemplo, las estabilizaciones macroeconómicas, apertura de las economías nacionales al exterior, privatizaciones y desregulación.
¿Cómo y por qué se produjo esta transformación? El libro que comentamos -The Global Diffusión of Markets and Democracy- plantea que si bien tras su aplicación estos cambios han sido exitosos y se enraizaron en las distintas sociedades, su puesta en marcha estuvo influenciada por el fracaso del socialismo y del keynesianismo, pero fundamentalmente por la acción de actores externos, no siempre gobiernos, tales como organizaciones internacionales y, de manera preponderante, por grupos de economistas, sociólogos, cientistas políticos y expertos en relaciones internacionales, los cuales pusieron los fundamentos de lo que más tarde sería el triunfo del liberalismo en la batalla de las ideas.
La coerción y el impacto del poder de determinados países y actores del sistema internacional; la competencia económica por los mercados y las inversiones; el aprendizaje de las experiencias; y la emulación entre los distintos países, son los cuatros mecanismos de difusión en los cuales se centra este trabajo. Todos ellos son clásicos de la literatura, pero tienen la virtud que permiten retomar la vieja discusión de hasta dónde la ampliación de los mercados libres, la reducción del tamaño del Estado y el mayor protagonismo del individuo puede y/o debe hacerse bajo un sistema democrático. En ese sentido las experiencias históricas son fundamentales ya que así como Chile puede ser ejemplo de una libertad económica que precedió a la libertad política, y la de China que la democracia no es necesaria para desarrollar la economía; países como Inglaterra, Irlanda y actualmente Perú son modelos que permiten afirmar que la libertad económica puede (y debe) convivir con la libertad política.
También queda en evidencia que la única manera que dichos cambios sean permanentes -y por ende no dependan de los vaivenes de los políticos de turno- se consigue a través de la obtención -para algunos construcción- de consensos a nivel de élites. Estos se obtienen gracias a una transformación cultural que permite los acuerdos mínimos respecto del camino de desarrollo que se desea. En este caso: la iniciativa individual y un Estado que vela por el respeto a las instituciones y el estado de derecho, permitiendo estabilidad e inversión de largo plazo. Una cuestión obvia -dirá el lector- pero que sin embargo en forma recurrente se intenta debilitar por quienes prefieren la redistribución igualitaria por sobre la libertad de emprender.
Ahí es donde entran en escena los encargados de difundir las ideas. Aquellos “expertos” e “intelectuales” capaces de darle solidez y permanencia a los argumentos. Son ellos los que -en sus distintas tribunas públicas y privadas, desde los think tanks o en la asesoría de quienes toman decisiones- deben propagar las bondades de la libertad, que junto al desarrollo económico, permiten el respeto a los derechos humanos, de las mujeres, de las minorías, demostrando que sólo con el poder de las ideas es factible construir esa sociedad libre que permite la convivencia de la democracia y el mercado.
Frase destacada: ”La liberalización tanto de la política (democracia) como del mercado (economía) ha sido uno de los desarrollos más significativos de la segunda mitad del siglo XX”.
Se lo recomiendo a: Todos aquellos que creen en el poder de las ideas para construir una sociedad libre.
Las Frágiles Democracias Latinoamericanas
Angel Soto y Paula Schmidt
Publicado en Perspectiva (Bogotá, Colombia) Nº16, 2008.
El pasado alberga historia; el futuro ofrece esperanza; y el presente la oportunidad de reflexión y de acción. Bajo estas premisas prospera el libro Las Frágiles Democracias Latinoamericanas. Trabajo colectivo que -publicado por el Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL) y Atlas Economic Research Foundation- tiene como objetivo reflexionar sobre nuestra región desde la óptica de los problemas que aquejan la consolidación de la democracia y el mercado.
Dentro del complejo entramado de hechos que determinan la acción de las naciones, sus líderes, y la multiplicidad de organizaciones multilaterales, Latinoamérica ha perdido relevancia al momento de cuantificar su trascendencia dentro de la escala de prioridades que jerarquiza a los grandes intereses de la agenda internacional. Esto se debe, en parte, a que no piensa en términos estratégicos ni actua resueltamente en asuntos continentales y del mundo. Se añade las señales provenientes de las diversas democracias latinoamericanas, las cuales reflejan esa renuente opción por revivir y aferrarse a experimentos políticos y sociales que podrían comprometer el camino ascendente de la región hacia un verdadero desarrollo sustentable.
El 2006, América Latina tuvo más elecciones presidenciales que en ningún otro momento. Entre la elección de Evo Morales, el 18 de diciembre de 2005 y la victoria de Hugo Chávez el 3 de diciembre de 2006, un total de 11 países latinoamericanos escogieron presidentes. Sin embargo, como afirman Patricio Navia y Jorge Castañeda, a pesar de que para la mayoría de los habitantes de la región democracia se traduce en libertad, elecciones y prosperidad, éstos saben muy bien que los gobiernos de turno no satisfacen sus expectativas. Queda camino por recorrer en orden a extirpar los males de la desigualdad social, la corrupción, el clientelismo y un creciente tamaño del Estado que han provocado escepticismo y desazón en la consolidación de la estructura democrática latinoamericana.
El vuelco a la izquierda y los populismos son una de las tendencias manifiestas en la región. A pesar de que los liderazgos de corte progresista que hoy se erigen en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Guyana, Uruguay y Venezuela (Cuba es la excepción) varían en sus matices ideológicos, éstos han perpetuado la hegemonía del Estado exacerbando el paternalismo, la discrecionalidad de las decisiones a nivel gubernamental, han politizado y subordinado al Poder Ejecutivo atentando contra su independencia y, en los casos más extremos, han llevado a cabo reformas constitucionales bajo dudosos procesos electorales. Siguiendo a Cristián Larroulet y Bárbara Horzella, el distanciamiento de postulados liberales y la absorción del poder por parte del Ejecutivo, interfieren en el desarrollo institucional y económico de la región.
Sin embargo, el estudio AmericasBarometer realizado por el Proyecto sobre Opinión Pública de América Latina (LAPOP) de la Universidad de Vanderbilt, EEUU, demostró un resultado sorprendente: ideológicamente los latinoamericanos inclinan sus preferencias políticas más hacia la derecha en comparación a la mayoría de los habitantes en otros lugares del mundo. ¿Por qué, entonces, se mantienen y prosperan jefes de Estado contrapuestos a aquellos ideales de electores quienes favorecen modelos democráticos más bien liberales? Una respuesta es la carencia de iniciativa para ejercer una cultura cívico-política activa a la hora de fiscalizar y exigir mayor responsabilidad por desempeño (accountability) de quienes ejercen el poder público.
Sin embargo, este es sólo uno más de los ámbitos que ha dificultado la vigorización de las frágiles democracias latinoamericanas. Tal como señala Sebastián Edwards, el desarrollo de largo plazo en América Latina ha sido descorazonadoramente bajo durante los últimos 35 años. Esto se debe a que sus instituciones son débiles y desalientan a los innovadores, sus políticas económicas coartan la competencia y desincentivan la inversión y, por ultimo, enfrentan crisis macroeconómicas recurrentes. Esto, a pesar de las reformas de los años 90 dirigidas a la generación de un cambio en los incentivos económicos y en un incremento de larga permanencia en productividad. Edwards plantea fortalecer tres fuentes de crecimiento que han logrado elevar la tasa de desarrollo de países emergentes como Brasil, Rusia, India y China: incremento de la productividad; perfeccionar el empleo de mano de obra; y fortalecer la inversión en equipo, maquinaria e infraestructura. Brasil debe ser un actor clave dentro del contexto regional, pero -según Rogelio Núñez- antes de que este país pueda ser reconocido como líder dentro del tablero internacional, debe superar las propias resistencias internas, provenientes de amplios sectores sociales; solucionar sus problemas socio-económicos y políticos; y ejercer un liderazgo consistente que le permita alzarse por sobre aquellos países que no le reconocen el liderazgo regional que aspira tener.
La integración regional es otro de los puntos álgidos para América Latina. Carlos Malamud y Raúl Sanhueza, han planteado los contrastes sobre el accionar de los latinoamericanos versus los europeos para impulsar proyectos comunes de integración encaminados a fortalecer su desarrollo y potenciar sus facultades. Mientras la UE celebró en marzo de 2007 el cincuentenario de la firma de los Tratados de Roma, la cual dio paso a la creación de la Comunidad Económica Europea (CEE) y a la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM) cuya consolidación significó la integración más exitosa en la historia de la humanidad, los resultados de la Cumbre Energética no otorgaron ningún paso significativo en el proceso de crear un mercado regional energético. Más bien, la agenda se vio rápidamente politizada bajo un sesgo estatista dejando de lado la oportunidad de llevar a cabo proyectos concretos para avanzar en el proceso de una integración regional.
Si el camino hacia la coordinación interna regional se hace arduo y complejo, mucho más lo será unificar a sus naciones en torno a los parámetros que rigen a los mercados y sociedades fuera de los límites regionales. Verónica Neghme y Eneas A. Biglione, advierten que a pesar de que el intercambio comercial con el Asia Pacífico y los Estados Unidos es una realidad, la disparidad de discursos, junto a la falta de voluntad e indecisión política, serán una traba para proyectar acuerdos de largo plazo más allá de lo meramente económico.
Elaborar una radiografía sobre la región actual estaría incompleta, si no nos detuviésemos a analizar el comportamiento de Hugo Chávez, presidente de Venezuela desde 1999, cuestión que Fernando Ruiz ha hecho al exponer las implicancias para el mundo de las comunicaciones bajo el control polarizante de un mandatario cuyo autoritarismo ha logrado establecer una dictadura mediática que ha socavado la calidad del debate público y uno de los cimientos principales para el progreso democrático: la libertad de expresión.
Finalmente, la mirada regional es completada con el papel de las Fuerzas Armadas y su adaptación al escenario político, económico y estratégico regional. En ese sentido, Jaime García ha demostrado como éstas han tenido que redefinirse en torno a la reconstrucción de la democracia, el advenimiento de la economía de mercado y los cambios estratégicos experimentados tras la ruptura de la polaridad.
En síntesis, el accionar político de gran parte de los gobiernos latinoamericanos no han hecho más que tensionar y reducir los espacios de libertad que entrega la democracia para alcanzar un progreso sólido, continuo y estable, cuestión que sólo será reversible con un cambio de mentalidad.
América Latina ha sido paciente, pero merece más; y su destino será próspero sólo si quienes poseen la responsabilidad de conducir su futuro albergan el ánimo y la valentía de promover los cambios necesarios para robustecer el estado actual de sus democracias desviándolas de su presente fragilidad. Hay que atreverse a intervenir sobre ese caprichoso temperamento latino que, por demasiado tiempo, ha enraizado una serie de patologías sociales que han arrastrado a los habitantes de la región hacia un inquietante inmovilismo. La pérdida de confianza ante las instituciones y la clase política, las crisis de gobernabilidad, la corrupción, el clientelismo, el liderazgo caudillista encarnado en líderes populistas, la ineficiencia de la gestión pública y la mezquindad en cuanto al ejercicio de su cultura cívica han convertido al subdesarrollo de América Latina en una condición más rebelde de lo que se pensaba, por lo que ya es hora de modificar el rumbo.
¿Es usted liberal?
Angel Soto
Publicada en Qué Pasa N°1918, 11 de enero de 2008.
Hoy, casi nadie quiere ser conservador. Tal calificativo despierta suspicacia y todos quieren ser “liberales”. Sin embargo, más que en términos colectivos la pregunta debiera hacerse en forma individual. “¿Es usted liberal?”, o si prefiere, “¿cuánto de liberal hay en usted?”
David Boaz, vicepresidente del Cato Institute en Washington, en su libro Liberalismo. Una aproximación, intenta dar algunas pistas. Se adentra en su historia desde la antigüedad clásica hasta el presente, para luego preguntarse por nuestros derechos, la dignidad del individuo, el pluralismo, la tolerancia, la ley y la constitución, el papel de la sociedad civil, el proceso de mercado y la naturaleza del gobierno junto a la obsolescencia de un Estado que ha dejado de ser un instrumento de libertad, pues se ha transformado en un fin en sí mismo que instrumentaliza cuanto lo rodea. Asegura su propio bienestar, obstaculiza el de las personas y se cree con el poder de decidir por nosotros. Nos cobra impuestos, quiere regular qué comemos, cuándo fumar e incluso qué estudiar. En ese sentido, nos recuerda el papel fundamental de la familia y el error al creer que las decisiones de gobierno puedan suplantar a los padres a la hora de determinar qué enseñar a los niños. Recordando a Mark Twain: “Nunca permito que lo que he aprendido en la escuela interfiera en mi educación”.
El libro es optimista respecto del futuro del liberalismo. Ello debido a que durante el siglo XX se pusieron en práctica todas las alternativas anti liberales, tales como el fascismo, el socialismo, comunismo, Estado de bienestar, y ninguna de ellas consiguió traer la paz, la prosperidad y la libertad al mundo. Es decir, el fracaso de los gobiernos ha sido proporcional al grado de coerción ejercida y a la magnitud de las promesas realizadas.
Por tanto la clave esta en seguir un camino que conduce simultáneamente a la libertad individual y al crecimiento económico. Con el tiempo, las estructuras institucionales y el capital humano adquirirán más importancia que la que hoy se concede al petróleo; y el grado de avance por ese camino, dependerá de nuestra confianza en la sociedad civil y en el proceso del mercado.
Muchos movimientos políticos prometen utopías e insisten en que si se ponen en marcha sus programas, viviremos en un mundo ideal. El liberalismo ofrece más y menos. ¿Quién debe tomar la mayoría de las decisiones? ¿los individuos o el gobierno? Para el liberal, son los individuos los únicos que toman decisiones y son responsables de sus actos. Por supuesto que forman grupos para crear y deliberar, pero es la mente individual la que toma la decisión en última instancia. El individuo tiene derechos que le son inherentes a su naturaleza, y el orden espontáneo de la sociedad es resultado de millones de individuos que interactúan e intentan buscar sus propios beneficios a través de la cooperación con otros, casi siempre con resultados mejores que las que toma el legislador. Al decir de Pedro Schwartz en el prólogo: “Sólo la competencia y la claridad informativa disciplinan el natural interés propio de los individuos. Sólo en el capitalismo reinan la información y la competencia como en ninguna otra parte”.
Si es usted liberal, socialdemócrata, conservador o autoritario, dependerá de cuánto conceda a la libertad personal y a la libertad económica. Nunca hay resultados perfectos, pero este libro es una invitación a reflexionar sobre el orden espontáneo versus el gobierno coercitivo.
Frase destacada: “Una diferencia esencial entre liberalismo y socialismo radica en que este último no tolera la práctica de la libertad, mientras que el liberalismo acepta sin problemas las opciones socialistas”.
Se lo recomiendo a: “los liberales que son conservadores y a los conservadores que se creen liberales”.
Los Chicago Boys
Angel Soto
Publicado en Qué Pasa, 28 de marzo de 2008.
Habitualmente se habla de la “Escuela de Chicago” para referirse a los planteamientos que hicieron algunos de sus insignes profesores -varios de ellos premio Nobel- y que dicen relación con la supremacía de la libertad individual por sobre la planificación central. Una batalla de las ideas que enfrentó al mundo durante parte importante del siglo XX, pero que a fines de los 80, tras el evidente fracaso del socialismo estatista, terminó por imponerse con el triunfo del liberalismo económico como mecanismo para alcanzar el desarrollo por sobre el camino de servidumbre.
En Chile, el asunto nos toca más de fondo. Fue el lugar de formación de una generación de economistas que desde mediados de los cincuenta inició una transformación económica, primero a través de la docencia universitaria y luego desde el gobierno, medios de comunicación, centros de estudios y las empresas. Transformación que le cambió la cara al país, proyectándolo como modelo de desarrollo para Latinoamérica.
El libro La Escuela de Chicago, editado por Francisco Rosende, tiene la virtud de combinar la historia y las experiencias personales de sus alumnos con la explicación de la teoría económica. Mérito que permite al lector aplicar distintos niveles de lectura, pues junto al ambiente intelectual descrito se pueden entender, de manera clara, aspectos de los “enfoques Chicago” en temas como la revolución de las decisiones racionales, las finanzas, la economía laboral, la evaluación de proyectos, el medio ambiente o la economía internacional, entre otros.
Todos tienen en común el sello del rigor analítico y la constante exigencia de contrastar las teorías económicas con la evidencia empírica, ciencia positiva y lógica a ultranza. “Nadar o morir”, pareciera ser el eslogan que tuvieron que soportar los estudiantes, quienes en medio de las exigencias universitarias encontraron espacio para valorar la importancia de la relación maestro-discípulo, cuya impronta sintieron en su verdadero “padre adoptivo”: Arnold C. Harberger. “Alito”, como lo llaman sus estudiantes, fue el hombre ancla, quien con una clara visión de futuro fomentó la “inversión en capital humano” que años más tarde traería sus frutos.
Había que estudiar economía de manera seria, ya que el discurso estructuralista dominante sobre el origen y cura de la inflación no daba resultados.
El relato plantea una relación con Chile en dos momentos. Uno -el clásico- de los Chicago boys que viajan en los 50 y vuelven a reformar la Escuela de Economía de la UC. El segundo, el de los estudiantes que en los años 70 y 80 realizan sus estudios de postgrado en un contexto distinto, precedido por el éxito de las políticas que están aplicando sus profesores en Chile, como también marcado por la crisis, que los puso en tela de juicio y que significó una disminución de los interesados en viajar a sus aulas.
Obviamente la transformación económica nacional no fue sólo obra de los economistas de Chicago. También existieron otros boys -de Harvard, MIT o Yale-; sin embargo lo importante es que su visión de la economía era coincidente con el enfoque Chicago. Son los “padres fundadores” de la transformación capitalista chilena.
En definitiva, un llamado a restablecer la confianza en la eficacia del mercado y -como dice el libro- en la existencia de costos asociados a las intervenciones de la autoridad. Una lección que por estos días nuestros gobernantes parecen haber olvidado.
Frase destacada: “No se debe caer en la trampa del clientelismo, de la moda intelectual, de lo que es “politically correct”; importa sólo la verdad… No hay economistas de izquierda o de derecha: sólo hay buenos y malos economistas”.
Se lo recomiendo a: “los que están faltos de ideas y que están frenando el crecimiento de Chile, pero también a los que nos llevaron a ser un país modelo: todos necesitamos reforzar los principios de la sociedad libre”.
¿Cuando se salvo Chile?
Angel Soto
Publicado en Qué Pasa, Nº1934, 2 de mayo de 2008
La transformación económica de Chile es considerada un ejemplo a seguir por muchos de los países latinoamericanos. Es un modelo de progreso admirado y estudiado en el mundo entero. El libro que comentamos contribuye a contar parte de esa historia y dar respuesta a la clásica pregunta ¿cuándo se salvo Chile?
Escrito por uno de los protagonistas de la transformación capitalista chilena, Hernán Büchi, ex Ministro de hacienda del gobierno militar, candidato presidencial en 1989 y actual consejero y fundador del Instituto Libertad y Desarrollo, relata de manera testimonial los hechos económicos que cambiaron al país entre 1975 y 1990.
Publicado originalmente en 1993, la edición actual tiene la virtud de introducir el contexto de las reformas. Efectivamente, como la memoria es frágil, en estos tiempos de imposición de “verdades históricas” conviene repasar el fracaso del modelo populista socialista de la Unidad Popular, la gran crisis de 1973 y la construcción (no reconstrucción) institucional que se inició a partir del golpe de estado.
El relato, de manera amena aunque sin entrar en profundidades, va dando cuenta de las modernizaciones, características y problemas técnicos que tuvo la implementación del nuevo modelo de desarrollo. Desde aquel verano de 1975 cuando es invitado a ser parte de los grupos de trabajo hasta asumir como Ministro de Hacienda, se pasan revista a todas las etapas de la implementación liberal convirtiendo al libro en un verdadero manual de qué hacer para seguir la senda del desarrollo.
Sin embargo, adolece de un problema no menor, y es que se queda al nivel técnico económico. Es cierto que la transformación fue fruto de un equipo de gente, pero es tímido en resaltar el papel de figuras fundamentales como Sergio de Castro, Miguel Kast y José Piñera.
Asimismo, tampoco ahonda en sus percepciones respecto del equipo político y salvo la importancia que le asigna a la Constitución, poco se habla de la coyuntura. Hay algunas menciones a las protestas de comienzos de los 80, los problemas de la crisis de la deuda, pero no va más allá. En ese sentido el libro mantiene la incógnita fundamental de lo que se ha denominado el pecado original de la transformación capitalista chilena: el haber sido impuesto por una dictadura. La pregunta es: ¿habría sido factible implementar una transformación como esta en democracia? El libro no contesta la pregunta, y sigue siendo José Piñera el único que ha fundamentado como el proyecto liberal fue la causa más importante del retorno de Chile a la democracia, pues como bien señala -el también ex ministro del gobierno militar-, la libertad económica y social es un complemento indispensable de la libertad política para que una democracia sea exitosa.
Ahora bien, hay una cuestión fundamental en esta transformación económica y que Büchi destaca como elemento clave de su permanencia, el cambio cultural. En Chile se produjo una transformación mental que fue la base de su estabilidad, aunque aún los chilenos no han incorporado todos los elementos propicios para el desarrollo. Es esencial que se propicie el crecimiento valorando una cultura del emprendimiento, cuestión que en opinión del autor ha sido un fracaso.
Un libro para recordar la historia, para entender el presente, pero también para reflexionar sobre las bondades de la libertad, el emprendimiento y las oportunidades que otorga la iniciativa individual.
Frase destacada: “Fue una satisfacción adicional comprobar que las nuevas autoridades, que tanto habían denostado el modelo desde la oposición, continuaran administrándolo sin cambios mayores, aunque creo sinceramente que lo han hecho con menos imaginación, si bien con más aplausos”.
Se lo recomiendo a: “los que desconfían y gustan entorpecer el emprendimiento con trabas, impuestos y obligaciones”.
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