Angel Soto

Latinoamérica – Actualidad – Historia

El culto a la presidencia

Publicado en http://www.quepasa.cl/medio/articulo/0,0,38039290_101111578_369451865,00.html

Este libro, del editor senior del Instituto Cato en Washington, explica que el excesivo poder de los presidentes de Estados Unidos no radica en los propios líderes, sino más bien en las esperanzas que en ellos depositan los votantes norteamericanos, quienes les confieren un estatus de “gran chamán”.

Por Ángel Soto, Profesor, Universidad de los Andes.

A escasos dos meses de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, y con una incógnita acerca de quién será el próximo residente de la Casa Blanca es interesante preguntarse acerca del verdadero culto a la presidencia y la peligrosa devoción norteamericana al Poder Ejecutivo.

Gene Healy, senior editor de Cato Institute, señala que el problema del excesivo poder presidencialista no está en los líderes, sino en que los votantes norteamericanos delegan en el Presidente de la República una infinidad de responsabilidades que incrementan enormemente su poder. El elegido no sólo es el responsable de la administración política del Estado y sus relaciones internacionales, sino que es el responsable de hacer crecer la economía, de educar a sus hijos, brindar seguridad protegiendo del terrorismo, y ser un ejemplo de vida para la sociedad norteamericana, encarnando todos los valores de una especie de “Ángel de la guarda”, “Gran Chamán” o “Guardián Supremo de la Tierra” cuyo objetivo es proteger a “América de las fuerzas del mal”.

Este exceso de poder se manifiesta desde el momento en que los candidatos hacen uso de los discursos de campaña, instrumentalizando retóricamente sus mensajes, no sólo proponiendo soluciones a los problemas públicos, sino que adornados con frases cargadas de sentimentalismos que apelan a la familia, al esfuerzo, a la grandeza del pueblo americano, a sus creencias (muchas religiosas), a sus sueños y esperanzas. El líder sería el responsable de cumplir el american dream, pues se espera de él no sólo la solución a sus grandes problemas sino también a los pequeños.

Líder mundial, protector de la paz, principal legislador, manager de la prosperidad y voz del pueblo, son algunos de los roles que el público demanda de su principal autoridad, atribuyendo en él las virtudes del “héroe político”, como si éste existiera.

Actitud que -al hacerla más terrenal- deja entrever una relación esquizofrénica o hipócrita entre ambas partes, según el punto de vista, pues al mismo tiempo que el ciudadano le exige a su líder cumplir con sus esperanzas, la mayoría de las veces desconfía y condena la excesiva concentración de poder que tiene el Ejecutivo, cuya responsabilidad es casi ilimitada. “We dont’t trust the president”. “But we demand that he fill our every need”.

¿Será el costo para ser la primera potencia del mundo? No está en este libro la respuesta.

Sin embargo, hay una pequeña esperanza para quienes desean limitar ese excesivo poder presidencial. En el último tiempo, los ciudadanos norteamericanos han asumido una visión más crítica respecto del papel de sus líderes y una mayor responsabilidad individual respecto a quien debe dar satisfacción a sus sueños: el individuo. Esta actitud más crítica ha quedado plasmada en pequeñas muestras como por ejemplo la interpretación que dan a la presidencia en películas, series de televisión y talk shows, donde se ha pasado desde la era de un Presidente héroe “cuasi perfecto” a otra en donde el Jefe de Estado también puede equivocarse y por eso su poder no debe ser total.

El culto a la Presidencia necesita ser enrielado. Su poder debiera estar más controlado y supervisado, especialmente en épocas de guerra o durante los conflictos internacionales, donde debería estar bajo la mirada más atenta del Congreso y el Poder Judicial. Es fundamental que en Estados Unidos se vuelva a un equilibrio de poderes, ya que sólo así la Presidencia desempeñará el verdadero papel que la Constitución le asigna.

El presidencialismo de Estados Unidos es una excepción. La mayoría de los países desarrollados, desde el término de la Segunda Guerra Mundial son parlamentaristas, pues entienden que no es buena la concentración excesiva de poder en el Ejecutivo, que estos regímenes son más estables y representan mejor la diversidad de las sociedades democráticas. Es de esperar que la peligrosa devoción americana por el Imperialismo Presidencial si no esté terminando, al menos comience su retirada. ¿Contribuirá a ello su futuro presidente? El tiempo lo dirá.

Frase destacada: “La campaña presidencial de 2008 ofrece amplias razones para el pesimismo. No obstante, las tendencias de las últimas cuatro décadas entregan razones esperanzadoras en relación a que el culto a la presidencia es un culto agonizante (o al menos en retroceso)”.

Se lo recomiendo a: quienes creen que la discusión presidencialismo – parlamentarismo es un mero ejercicio académico.

Octubre 9, 2008 Publicado por Angel Soto | Reseñas | | Aún no hay comentarios

La voz de los expertos

Publicado en Que Pasa, 21 de junio de 2008

El desarrollo del liberalismo económico y político fue una de las características fundamentales de la última parte del siglo XX. Efectivamente, junto a los procesos de transición democrática, en varios países se aplicaron reformas económicas orientadas hacia el libre mercado como, por ejemplo, las estabilizaciones macroeconómicas, apertura de las economías nacionales al exterior, privatizaciones y desregulación.

¿Cómo y por qué se produjo esta transformación? El libro que comentamos -The Global Diffusión of Markets and Democracy- plantea que si bien tras su aplicación estos cambios han sido exitosos y se enraizaron en las distintas sociedades, su puesta en marcha estuvo influenciada por el fracaso del socialismo y del keynesianismo, pero fundamentalmente por la acción de actores externos, no siempre gobiernos, tales como organizaciones internacionales y, de manera preponderante, por grupos de economistas, sociólogos, cientistas políticos y expertos en relaciones internacionales, los cuales pusieron los fundamentos de lo que más tarde sería el triunfo del liberalismo en la batalla de las ideas.

La coerción y el impacto del poder de determinados países y actores del sistema internacional; la competencia económica por los mercados y las inversiones; el aprendizaje de las experiencias; y la emulación entre los distintos países, son los cuatros mecanismos de difusión en los cuales se centra este trabajo. Todos ellos son clásicos de la literatura, pero tienen la virtud que permiten retomar la vieja discusión de hasta dónde la ampliación de los mercados libres, la reducción del tamaño del Estado y el mayor protagonismo del individuo puede y/o debe hacerse bajo un sistema democrático. En ese sentido las experiencias históricas son fundamentales ya que así como Chile puede ser ejemplo de una libertad económica que precedió a la libertad política, y la de China que la democracia no es necesaria para desarrollar la economía; países como Inglaterra, Irlanda y actualmente Perú son modelos que permiten afirmar que la libertad económica puede (y debe) convivir con la libertad política.

También queda en evidencia que la única manera que dichos cambios sean permanentes -y por ende no dependan de los vaivenes de los políticos de turno-  se consigue a través de la obtención -para algunos construcción- de consensos a nivel de élites. Estos se obtienen gracias a una transformación cultural que permite los acuerdos mínimos respecto del camino de desarrollo que se desea. En este caso: la iniciativa individual y un Estado que vela por el respeto a las instituciones y el estado de derecho, permitiendo estabilidad e inversión de largo plazo. Una cuestión obvia -dirá el lector- pero que sin embargo en forma recurrente se intenta debilitar por quienes prefieren la redistribución igualitaria por sobre la libertad de emprender.
Ahí es donde entran en escena los encargados de difundir las ideas. Aquellos “expertos” e “intelectuales” capaces de darle solidez y permanencia a los argumentos. Son ellos los que -en sus distintas tribunas públicas y privadas, desde los think tanks o en la asesoría de quienes toman decisiones- deben propagar las bondades de la libertad, que junto al desarrollo económico, permiten el respeto a los derechos humanos, de las mujeres, de las minorías, demostrando que sólo con el poder de las ideas es factible construir esa sociedad libre que permite la convivencia de la democracia y el mercado.

Frase destacada: ”La liberalización tanto de la política (democracia) como del mercado (economía) ha sido uno de los desarrollos más significativos de la segunda mitad del siglo XX”.

Se lo recomiendo a: Todos aquellos que creen en el poder de las ideas para construir una sociedad libre.

 

Junio 27, 2008 Publicado por Angel Soto | Reseñas, Uncategorized | | Aún no hay comentarios