Angel Soto

Latinoamérica – Actualidad – Historia

Las Frágiles Democracias Latinoamericanas

Angel Soto  y Paula Schmidt

 Publicado en Perspectiva (Bogotá, Colombia) Nº16, 2008.

El pasado alberga historia; el futuro ofrece esperanza; y el presente la oportunidad de reflexión y de acción.  Bajo estas premisas prospera el libro Las Frágiles Democracias Latinoamericanas. Trabajo colectivo que -publicado por el Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL) y Atlas Economic Research Foundation- tiene como objetivo reflexionar sobre nuestra región desde la óptica de los problemas que aquejan la consolidación de la democracia y el mercado.

Dentro del complejo entramado de hechos que determinan la acción de las naciones, sus líderes, y la multiplicidad de organizaciones multilaterales, Latinoamérica ha perdido relevancia al momento de cuantificar su trascendencia dentro de la escala de prioridades que jerarquiza a los grandes intereses de la agenda internacional.  Esto se debe, en parte, a que no piensa en términos estratégicos ni actua resueltamente en asuntos continentales y del mundo. Se añade las señales provenientes de las diversas democracias latinoamericanas, las cuales reflejan esa renuente opción por revivir y aferrarse a experimentos políticos y sociales que podrían comprometer el camino ascendente de la región hacia un verdadero desarrollo sustentable.

El 2006, América Latina tuvo más elecciones presidenciales que en ningún otro momento. Entre la elección de Evo Morales, el 18 de diciembre de 2005 y la victoria de Hugo Chávez el 3 de diciembre de 2006, un total de 11 países latinoamericanos escogieron presidentes. Sin embargo, como afirman Patricio Navia y Jorge Castañeda, a pesar de que para la mayoría de los habitantes de la región democracia se traduce en libertad, elecciones y prosperidad, éstos saben muy bien que los gobiernos de turno no satisfacen sus expectativas.  Queda camino por recorrer en orden a extirpar los males de la desigualdad social, la corrupción, el clientelismo y un creciente tamaño del Estado que han provocado escepticismo y desazón en la consolidación de la estructura democrática latinoamericana.

El vuelco a la izquierda y los populismos son una de las tendencias manifiestas en la región.  A pesar de que los liderazgos de corte progresista que hoy se erigen en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Guyana, Uruguay y Venezuela (Cuba es la excepción) varían en sus matices ideológicos, éstos han perpetuado la hegemonía del Estado exacerbando el paternalismo, la discrecionalidad de las decisiones a nivel gubernamental, han politizado y subordinado al Poder Ejecutivo atentando contra su independencia y, en los casos más extremos, han llevado a cabo reformas constitucionales bajo dudosos procesos electorales. Siguiendo a Cristián Larroulet y Bárbara Horzella, el distanciamiento de postulados liberales y la absorción del poder por parte del Ejecutivo, interfieren en el desarrollo institucional y económico de la región.

Sin embargo, el estudio AmericasBarometer realizado por el Proyecto sobre Opinión Pública de América Latina (LAPOP) de la Universidad de Vanderbilt, EEUU, demostró un resultado sorprendente: ideológicamente los latinoamericanos inclinan sus preferencias políticas más hacia la derecha en comparación a la mayoría de los habitantes en otros lugares del mundo.  ¿Por qué, entonces, se mantienen y prosperan jefes de Estado contrapuestos a aquellos ideales de electores quienes favorecen modelos democráticos más bien liberales? Una respuesta es la carencia de iniciativa para ejercer una cultura cívico-política activa a la hora de fiscalizar y exigir mayor responsabilidad por desempeño (accountability) de quienes ejercen el poder público.

Sin embargo, este es sólo uno más de los ámbitos que ha dificultado la vigorización de las frágiles democracias latinoamericanas.  Tal como señala Sebastián Edwards, el desarrollo de largo plazo en América Latina ha sido descorazonadoramente bajo durante los últimos 35 años. Esto se debe a que sus instituciones son débiles y desalientan a los innovadores, sus políticas económicas coartan la competencia y desincentivan la inversión y, por ultimo, enfrentan crisis macroeconómicas recurrentes. Esto, a pesar de las reformas de los años 90 dirigidas a la generación de un cambio en los incentivos económicos y en un incremento de larga permanencia en productividad.  Edwards plantea fortalecer tres fuentes de crecimiento que han logrado elevar la tasa de desarrollo de países emergentes como Brasil, Rusia, India y China: incremento de la productividad; perfeccionar el empleo de mano de obra; y fortalecer la inversión en equipo, maquinaria e infraestructura. Brasil debe ser un actor clave dentro del contexto regional, pero -según Rogelio Núñez- antes de que este país pueda ser reconocido como líder dentro del tablero internacional, debe superar las propias resistencias internas, provenientes de amplios sectores sociales; solucionar sus problemas socio-económicos y políticos; y ejercer un liderazgo consistente que le permita alzarse por sobre aquellos países que no le reconocen el liderazgo regional que aspira tener.

La integración regional es otro de los puntos álgidos para América Latina.  Carlos Malamud y Raúl Sanhueza, han planteado los contrastes sobre el accionar de los latinoamericanos versus los europeos para impulsar proyectos comunes de integración encaminados a fortalecer su desarrollo y potenciar sus facultades. Mientras la UE celebró en marzo de 2007 el cincuentenario de la firma de los Tratados de Roma, la cual dio paso a la creación de la Comunidad Económica Europea (CEE) y a la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM) cuya consolidación significó la integración más exitosa en la historia de la humanidad, los resultados de la Cumbre Energética no otorgaron ningún paso significativo en el proceso de crear un mercado regional energético.  Más bien, la agenda se vio rápidamente politizada bajo un sesgo estatista dejando de lado la oportunidad de llevar a cabo proyectos concretos para avanzar en el proceso de una integración regional.

Si el camino hacia la coordinación interna regional se hace arduo y complejo, mucho más lo será unificar a sus naciones en torno a los parámetros que rigen a los mercados y sociedades fuera de los límites regionales. Verónica Neghme y Eneas A. Biglione, advierten que a pesar de que el intercambio comercial con el Asia Pacífico y los Estados Unidos es una realidad, la disparidad de discursos, junto a la falta de voluntad e indecisión política, serán una traba para proyectar acuerdos de largo plazo más allá de lo meramente económico.

Elaborar una radiografía sobre la región actual estaría incompleta, si no nos detuviésemos a analizar el comportamiento de Hugo Chávez, presidente de Venezuela desde 1999, cuestión que Fernando Ruiz ha hecho al exponer las implicancias para el mundo de las comunicaciones bajo el control polarizante de un mandatario cuyo autoritarismo ha logrado establecer una dictadura mediática que ha socavado la calidad del debate público y uno de los cimientos principales para el progreso democrático: la libertad de expresión.

Finalmente, la mirada regional es completada con el papel de las Fuerzas Armadas y su adaptación al escenario político, económico y estratégico regional. En ese sentido, Jaime García ha demostrado como éstas han tenido que redefinirse en torno a la reconstrucción de la democracia, el advenimiento de la economía de mercado y los cambios estratégicos experimentados tras la ruptura de la polaridad.

En síntesis, el accionar político de gran parte de los gobiernos latinoamericanos no han hecho más que tensionar y reducir los espacios de libertad que entrega la democracia para alcanzar un progreso sólido, continuo y estable, cuestión que sólo será reversible con un cambio de mentalidad.

América Latina ha sido paciente, pero merece más; y su destino será próspero sólo si quienes poseen la responsabilidad de conducir su futuro albergan el ánimo y la valentía de promover los cambios necesarios para robustecer el estado actual de sus democracias desviándolas de su presente fragilidad. Hay que atreverse a intervenir sobre ese caprichoso temperamento latino que, por demasiado tiempo, ha enraizado una serie de patologías sociales que han arrastrado a los habitantes de la región hacia un inquietante inmovilismo. La pérdida de confianza ante las instituciones y la clase política, las crisis de gobernabilidad, la corrupción, el clientelismo, el liderazgo caudillista encarnado en líderes populistas, la ineficiencia de la gestión pública y la mezquindad en cuanto al ejercicio de su cultura cívica han convertido al subdesarrollo de América Latina en una condición más rebelde de lo que se pensaba, por lo que ya es hora de modificar el rumbo.


Seligson, Mitchell A. (2007).  “The Rise of Populism and the Left in Latin America”. Journal of Democracy 18 (3): 83.

Mayo 10, 2008 Publicado por Angel Soto | Libros, Uncategorized | | 1 comentario