Viajar en tiempos de campaña presidencial
Sebastián Piñera acaba de realizar una gira que lo llevó a Colombia y Ecuador en el marco de su posicionamiento en materia de relaciones internacionales, en una clara señal que -a diferencia de lo que ha sido la derecha tradicional en estas materias- no entiende la política exterior como un mero intercambio comercial, sino que reafirma lo manifestado respecto de su interés y voluntad latinoamericanista, tendiente a desarrollar acuerdos estratégicos para concretar una verdadera integración en el marco de una política exterior que no sólo debiera estar marcada por las relaciones comerciales, los conflictos vecinales y las diferencias ideológicas, sino también por los temas sociales, culturales y de identidad que unen a los habitantes del continente. Hace poco tiempo estuvo en Perú y se espera que viaje a México, Brasil, Estados Unidos y ojala sean más. Recientemente, ha expresado: “Si existe la posibilidad de que sea Presidente debo tener relaciones con los demás presidentes de la región y estrechar lazos con ellos”.
En Colombia, Piñera se reunió con Uribe, con quién no solo le une una amistad, sino también su reconocimiento a la labor del mandatario colombiano. Su lucha en contra del narcotráfico y la recuperación de la seguridad ciudadana lo hacen mirar con atención su trabajo y su presencia en el “concejo comunal”, fue un ejemplo atractivo del estilo “ejecutivo en terreno”, además de conocer la experiencia del plan de transporte de Bogotá, el Transmilenio.
A Quito viajó como “amigo de Ecuador”. Se reunió con distintos líderes de opinión, pero lo más esperado fue su encuentro con el presidente Correa, la primera reunión con un líder de izquierda en la región. No es ningún misterio que tienen posiciones divergentes en distintas materias. Sin embargo, en el marco de la no intervención, reafirmó los lazos que unen históricamente a ambos países y da señales claras que -pese a las diferencias- se puede mirar el futuro en un trabajo común.
En estos tiempos de globalización, los viajes de los presidenciales ya son parte de su agenda de campaña y cada vez irán en aumento, en un terreno en el que hasta ahora se movía con más comodidad la izquierda. Allende al asumir en 1970 ya era conocido internacionalmente al igual que Aylwin. Los contrincantes de Piñera -Lagos e Insulza- premunidos de sus títulos internacionales se pasean “Urbi et Orbi” reafirmando su posicionamiento, en tanto que Alvear una vez que entre en carrera, quizás acuda a su experiencia como Canciller. Piñera tiene que poner todos los medios para ganar terreno en un ámbito en dónde es menos conocido.
La cancillería chilena, si bien esta informada y entregó información sobre la política exterior, seguramente esta inquieta, molesta, y le generan ruido estas visitas, tal vez más a la Presidenta que al Canciller porque el Ejecutivo –al igual que Lagos- cree que la política exterior es de su exclusiva incumbencia. Una diplomacia personalista en dónde no hay espacio para las opiniones ni mucho menos para la disidencia, en una clara demostración que Chile necesita una modernización y una democratización del manejo de las relaciones exteriores.
Los viajes al extranjero no suman votos directos, pero generan opinión y posicionamiento. No obstante, independiente de quién sea el candidato, ya son parte de la campaña presidencial.
Mano dura contra el terrorismo
Mano dura contra el terrorismo
Angel Soto
Profesor Facultad de Comunicación, Universidad de los Andes
Publicado, Diario Financiero 4 de julio de 2008
La tarde del pasado miércoles la televisión y radio interrumpieron sus transmisiones habituales para dar a conocer una noticia que daba la vuelta al mundo: Ingrid Betancourt era liberada tras un operativo realizado por el Ejército colombiano.
Una alegría inmensa se apoderó de todos quienes creen en la democracia y sus libertades. Quizás algunos se sintieron frustrados porque sus intentos por conseguir el mismo objetivo habían fracasado (Chávez), pero incluso éste salió a felicitar la acción. La lección es clara y contundente: al terrorismo se le combate, no se dialoga ni se hacen concesiones. Hay material abundante para quienes quieran reconstruir la larga historia de negociaciones fracasadas.
Alvaro Uribe dio señales claras de su liderazgo, de su convicción y consecuencia en el actuar. La estrategia de “seguridad democrática”, que por vía militar enfrenta los casi 50 años de conflicto, está dando resultados. No debe olvidarse el ataque dónde murió Raúl Reyes, la rendición de algunos cabecillas terroristas y la muerte del líder Manuel Marulanda.
¿Están las FARC en retirada? La respuesta es difícil. Ojalá sea así, pero también puede que esté sufriendo la falta de liderazgo producto de los últimos golpes recibidos y que estén en un proceso de reordenamiento que dependerá hoy más bien del financiamiento proveniente del narcotráfico y los secuestros, que de las consignas revolucionarias de antaño.
Lo que sí es claro, es que estamos en presencia de un Estado fuerte, eficiente, que ha permitido recuperar la confianza de sus ciudadanos quienes se sienten protegidos por sus autoridades. Un país que avanza en acciones conjuntas entre el Estado, la empresa privada y la sociedad civil, como lo reflejan las “caravanas de la alegría” que permiten a los colombianos volver a viajar por sus carreteras. Es de esperar que pronto tengamos más noticias de liberación de secuestrados, que se siga con el combate al narcotráfico y que todos estos episodios no sean más que un triste recuerdo de algo que nunca debió suceder.
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